En sus primeros casi tres meses de gobierno, el presidente nos ha demostrado que su principal meta es la seguridad; todos damos a eso un sonoro aplauso, es lo que más necesitamos en las actuales circunstancias. Así como se ha incrementado la acción del Estado contra la delincuencia, ha sido la respuesta de estos con ataques directos a la fuerza pública y población civil.
Ha tenido éxito con el reinicio de los bombardeos a guarniciones guerrilleras, también con los grandes operativos urbanos (Bogotá, Medellín, Barranquilla, por ejemplo), bajando los delitos de extorsión, secuestro y homicidios en más de un 60 %, aunque el reclutamiento forzado de menores ha aumentado, natural si vemos que los delincuentes pierden efectivo rápidamente y necesitan escudos para evitar de alguna manera los bombardeos.
Agresiva la política de ajuste fiscal con reducción del Estado y rebaja drástica de pago de viáticos para funcionarios y algunas dependencias; se han suspendido contratos por prestación de servicios, pero aun así, se proyecta aumentar la deuda pública.
Hay peros: Su presencia en la televisión, las presentaciones de casi una hora los fines de semana, que la hacen parecer al presidente pasado, aunque sus alocuciones no son como aquellos monólogos y sin el tono displicente y letárgico que los caracterizaban.
Está su insistencia en usar referencias religiosas, olvidando que en Colombia existe libertad de cultos y vulnerando la laicidad del Estado. La situación ha estado en los tribunales y le han dado la razón al presidente, pero la sensación de irrespeto con otras creencias persiste.
Otro pero: Su obstinado afán de parecerse a Bukele, que lo ha llevado a la imitación física (peinado, barba, trato a delincuentes, creación de megacárceles, etc.): la cercanía con Netanyahu, catalogado internacionalmente como criminal de guerra, su admiración por Donald Trump.
Tal vez un toque de originalidad en nuestro presidente sería conveniente.
Y hay algo que plantea un dilema:
Efectivos militares de Estados Unidos en maniobras conjuntas con tropas colombianas.
Las intervenciones de Estados Unidos en diversos espacios, donde tuvo que practicar combates con un estilo parecido a las características de lo que tenemos en Colombia, han sido desafortunadas.
En Vietnam del Norte se enfrentaron al ejército vietnamita aliado con el Vietcong y fueron derrotados, teniendo que retirarse del territorio en 1973.
Somalia 1993: Varios militares estadounidenses muertos en combate fueron arrastrados por las calles, provocando el retiro inmediato de las tropas de ese país.
Afganistán en el 2005: siempre se ha pensado que ha sido la peor derrota del ejército americano. La retirada fue inmediata.
En Irán 1980, con motivo de la retención de diplomáticos en Teherán, la retirada fue abrupta, dejando abundante material de guerra en el desierto.
Ante estos hechos, cabe preguntar: ¿qué puede aportar el ejército de los Estados Unidos al colombiano en este tipo de enfrentamientos cuerpo a cuerpo? ¿O es que vienen en función de aprendizaje en momento inoportuno?.
Tenemos fe en el presidente Abelardo; posiblemente algunas correcciones en su actuar caigan mucho mejor en todas las personas que creemos en él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario