domingo, 21 de junio de 2026

Un niño de ojos verdes

 En el 2015 mi hija Diana Carolina, me dedicó la siguiente epístola, me parece tan bella que no resisto la tentación de reproducirla para Ustedes:

En mi casa vive un niño de ojos grises y verdes. Con una sonrisa sincera que su padre descubrió en los años de su juventud y de la cual siempre estuvo orgulloso. Un niño que creció a mi lado. Juntos usamos la bici sin rueditas, lloramos al caer de los patines y raspar las rodillas, nos bañamos en millones de aguaceros (haciéndonos invencibles con el desenfriolito), hicimos barcos de papel y los lanzamos al rumbo del agua que libre corría, y que sabrá Dios cual de mis vecinos debía retirar los restos de los pequeños navíos después del naufragio. Su pasión siempre fue el mar, tanto así que su carácter se forja de olas feroces que con tenacidad cavan la tierra y desgastan las rocas, pero que si tienes calma y te entregas, encuentras todo un mundo hermoso dentro de él. Las aguas de ese mar ya son tranquilas, suben suavemente por la arena y nos dejan pequeños detalles como conchas y estrellas marinas. Acarician las rocas que pese a las fuertes mareas continuaron cuidando su tierra.
Ese niño me mira y con esa misma sonrisa hoy me dice que me quiere. Yo devuelvo la mirada y un abrazo. Un confidente en casa para las travesuras y comidas raras. Ese niño de ojos verdes tiene por nombre Miguel. Pero para mi siempre será Papito. Te amo papá, sólo le pido a Dios tiempo, salud y vida para que mis hijos crezcan junto al niño de ojos grises y verdes, cuya fe es tan inquebrantable como la del Mar.
FELIZ DIA PAPÁ

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